El cumpleaños 48 y mi última divertida voluntad

Hoy cumplo mis primeros 48 años y estoy tan contento que quiero hablarles sobre mi muerte. No es que tenga entre los planes inmediatos morirme, pero creo que para ese tránsito tan natural tenemos que prepararnos con la alegría espontánea de los buenos festejos. Sigue leyendo

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No descanses ni tengas paz, Hugo Chávez

Hace veinte años, bajo la tremenda impresión de la muerte repentina de un amigo y colega, escribí un manojo de versos juveniles que permanecen inéditos entre un montón de papeles, como toda mi Pobresía. Por primera vez quisiera compartirlos aquí con ustedes, como sencillo e imperfecto homenaje a Hugo Chávez Frías, presidente de Venezuela, amigo de Cuba, líder de América Latina y el Caribe. Sigue leyendo

Versión cubana de Todo sobre mi madre

Mi mamá cumple 75 años este 25 de febrero, y al contrario de lo que narré hace poco sobre el misterio de mi padre, a ella sí creo conocerla un poco mejor, entre otros motivos porque mi propio carácter es heredero de muchos rasgos de su personalidad. Sigue leyendo

La pregunta que no me quisieron hacer o ese asunto festivo de morir

En vísperas de mi cumpleaños 40 —¡qué número más grueso!— este viernes 12 de noviembre, estoy tan contento que quiero hablar un poco sobre la muerte. Lo primero quizás sería decirles con toda sinceridad que hubo algunos momentos en los cuales este arribo a las cuatro décadas no estuvo entre mis planes, un riesgo asumido con alta dosis de realismo, creo que sin excesivas poses melodramáticas y más bien en una cuerda cercana al humor negro —mi preferido. Sigue leyendo

El día que empecé a ser homosexual, la muerte y un triángulo amoroso

Los amores tortuosos comenzaron muy pronto en mi infancia. Siempre tuve desde el punto de vista sentimental cierta tendencia funesta a complicar las cosas. Y aunque no puedo culpar a las novelas de caballería como Alonso Quijano, definitivamente en esta hipersensibilidad debieron tener algo que ver mis abundantes lecturas desde la enseñanza primaria.

El romance más intenso de mi primera edad escolar fue sin dudas aquel competitivo triángulo amoroso que protagonizamos Early —mi mejor amigo—, Judith y yo, en aquel lejano quinto grado. Sigue leyendo