Las pruebas finales de Javier y Mi graduación del sexto grado

Por estos días en que mi hijo Javier realiza los exámenes finales de sexto grado, rememoro aquella primera etapa de la vida estudiantil, los rituales que yo seguía para las pruebas, la alegría por las calificaciones y aquella sensación de obstáculo vencido, alivio temporal y despedida transitoria, como antesala de las vacaciones y nuevo punto de partida.

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El español y yo o el hombre más libre de la Tierra

Si nos guiáramos por mis resultados académicos desde el primero hasta el noveno grado, yo me debía haber ganado la vida con las matemáticas o en alguna otra rama de la ciencia, más que del español. Las notas hasta ese momento de mi vida estudiantil, paradójicamente, siempre estuvieron como regla unos pocos puntos por encima en las asignaturas de ciencias que en las de letras, fundamentalmente —si mal no recuerdo— por los errores ortográficos. Seguir leyendo

La fractura de mi padre o una familia que ama entre líneas

Vísperas de la intervención quirúrgica que requiere la fractura de cadera de mi padre, la causa de mi alejamiento de esta bitácora desde inicios del año, no puedo dejar de pensar en el misterio de este hombre tan cercano y a la vez tan distante, a quien ya casi no reconozco en ese débil y hermético anciano en que lo han convertido sus maltratados 77 años. Seguir leyendo

La infancia de un gay o mis amores heterosexuales

No siempre tuve conciencia de mi homosexualidad. Al contrario de lo que alguien podría pensar por mi revelación en aquella lejana foto “vergonzosa” que ya publiqué, fui un furibundo enamorado desde la más temprana infancia, de varias niñas primero, luego de no pocas ninfas adolescentes y de algunas bellas muchachas después. Comenzaré entonces a desgranar los recuerdos de mis borrascosas pasiones heterosexuales, las cuales con el pasar del tiempo cobraron una especial significación, en un frágil balance entre lo instructivo, lo melodramático y lo humorístico. Seguir leyendo

Los jefes que un día tuve y la disciplina del corazón

Tengo la doble fortuna de haber tenido en mi vida pocos y buenos jefes. Es un raro privilegio del cual no muchas personas en Cuba pueden presumir después de 18 años de estudio y 17 de trabajo. Al respecto tengo la peregrina idea de que, en última instancia, somos los “subordinados” quienes en realidad mandamos, y poseo mi propia fórmula mágica para eludir las jefaturas indeseables. Seguir leyendo