La muerte de Chirino o El último de mis barberos

Casi por casualidad acabo de saber que hace solo unos días murió Chirino, el último de mis barberos. Me sentí culpable de no enterarme antes, porque le debía muy buenas chácharas a este viejo fígaro, quien siempre me recibía en el rústico salón del patio de su casa en Cojímar, con el entusiasmo del gran conversador que aprecia más a un oyente atento que a un cliente de solvencia. Sigue leyendo

Los jefes que un día tuve y la disciplina del corazón

Tengo la doble fortuna de haber tenido en mi vida pocos y buenos jefes. Es un raro privilegio del cual no muchas personas en Cuba pueden presumir después de 18 años de estudio y 17 de trabajo. Al respecto tengo la peregrina idea de que, en última instancia, somos los “subordinados” quienes en realidad mandamos, y poseo mi propia fórmula mágica para eludir las jefaturas indeseables. Sigue leyendo