Fiebre del miércoles por la noche o El miedo a las inyecciones

No pude escribir antes esta semana por una severa gripe que me traje de Holguín, en un mes de marzo que amenaza con imponer una buena marca en materia de hospitales y enfermedades. Pero tanto mi hijo Javier —con dos rápidos ingresos que incluyeron una apendicitis aguda— como yo, al parecer podremos extraer algún provecho de estos contratiempos. Sigue leyendo

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Una semana de ausencia o mi “retiro espiritual” en el IPK

Mientras más me dolían los apretones del cirujano en mi cara, mayor era la risa que me daba; sobre todo porque el sorprendido doctor le repetía una y otra vez a la enfermera, medio en broma, medio en serio, que ella era testigo de que yo no podía sentir dolor si me reía así, lo cual incrementaba todavía más mi nerviosa hilaridad. Pero a pesar de la anestesia local, debo admitir que vi las estrellas cuando me drenaron el absceso, forúnculo o celulitis facial —de las tres formas le llamaron los médicos— que me mantuvo esta última semana lejos de Internet. Sigue leyendo

Las costuras de mi maletín y una buena noticia ajena

El romántico Gustavo Adolfo Bécquer se quejaba en cierta cursilona rima suya por aquello de “flor que toco se deshoja”, pero esta semana yo soy más bien como una vieja maleta que se descose, símil muy poco poético, pero bastante exacto para describir mi estado actual y una de las causas de otro forzoso encierro en casa. Sigue leyendo