La muerte de Chirino o El último de mis barberos

Casi por casualidad acabo de saber que hace solo unos días murió Chirino, el último de mis barberos. Me sentí culpable de no enterarme antes, porque le debía muy buenas chácharas a este viejo fígaro, quien siempre me recibía en el rústico salón del patio de su casa en Cojímar, con el entusiasmo del gran conversador que aprecia más a un oyente atento que a un cliente de solvencia. Sigue leyendo