Decálogo para ciberaventura o un aporte desinteresado a mis inmerecidos paquitólogos

Coincidió una invitación que muy gentilmente me hicieron los colegas periodistas de la Isla de la Juventud para compartir experiencias alrededor del uso de Internet, con la súbita aparición en días atrás de cierto presunto paquitólogo que me concede el inmerecido honor de llevar “mucho tiempo tomando nota” acerca de mi intrascendente persona, e incluso hasta de un condiscípulo de la época universitaria que hace unos meses decidió ejercer a costa mía una nueva rama quizás del psicoanálisis, mezclado con crítica literaria y ensayo político —o viceversa—. Así que, en aras de la transparencia, decidí colaborar con todos a la misma vez y facilitarles las cosas. Sigue leyendo