Los jefes que un día tuve y la disciplina del corazón

Tengo la doble fortuna de haber tenido en mi vida pocos y buenos jefes. Es un raro privilegio del cual no muchas personas en Cuba pueden presumir después de 18 años de estudio y 17 de trabajo. Al respecto tengo la peregrina idea de que, en última instancia, somos los “subordinados” quienes en realidad mandamos, y poseo mi propia fórmula mágica para eludir las jefaturas indeseables. Sigue leyendo