Asombros por cuenta propia y cómo pensaron que “me quedaba”

Cuando viajo, ya sea dentro o fuera de Cuba, necesito caminar por las calles yo solo: es mi modo de sentir que me apropio de los lugares visitados. Si no puedo cumplir esta especie de ritual cognitivo, ya sea porque me lleven en automóvil o forme parte de un grupo que —por cuestión de programa o capricho organizativo de alguien— debe andar siempre junto para arriba y para abajo, es como si no hubiera ido nunca a ese sitio. Para mí, sencillamente, no estuve allí. Ese antiguo hábito de reportero itinerante —aquí lo demostraré— ya me ha traído más de un inconveniente en mis correrías. Sigue leyendo